jueves, 25 de noviembre de 2010

opinión de la clase

El método de la  clase de epistemología jurídica me ha parecido novedoso y diferente a lo que comúnmente estamos acostumbrados, al sistema de aprendizaje y evaluación convencional.

Creo que es un método positivo, en virtud de que el objetivo es razonar y entender desde nuestro punto de vista todo lo que se vio en clase, que definitivamente no es lo mismo que memorizar, leer y releer.

Además las herramientas cibernéticas requeridas para los ejercicios, sin duda, son indispensables para quienes nos desenvolvemos en un mundo profesional, ya que si no entras al mundo de las redes sociales, te vas quedando atrás. Y la verdad si no hubiera sido por esta clase, yo no hubiera tenido un blog o una cuenta en twitter.

En lo que no estoy de acuerdo es en la forma de llevar la clase, me refiero al método de levantar la mano para pedir la palabra, y no porque considere que sea malo, de hecho creo que son simple reglas de urbanidad; pero que al menos en este grupo no funcionan, pues me he percatado que establecer esta forma desató un gran desorden, porque por ejemplo en las otras clases no hay tal indicación y las clases se desenvuelven en orden. Tal vez tenga que ver con esa frase “lo prohibido es lo deseado”.

epistemología

La forma en que un abogado trata de descubrir la esencia del derecho, es a través de la investigación y de la epistemología jurídica, en la cual se trata de especular, interpretar, explicar los diversos paradigmas del conocimiento jurídico. Como lo hemos visto con los ejercicios de exposición en clase, no es tarea fácil, poder descubrir la esencia del conocimiento jurídico. No ha sido fácil desentrañar cada una de las perspectivas desde las que se puede ver el DERECHO.


Estuvimos ante una suma de argumentos, ante un conjunto de ideas, que producidas a partir de distintas percepciones nos ayudó a conocer las diferentes “facetas” del derecho.

Budismo

El budismo más que una filosofía o una religión... es una forma de vida, basada en las enseñanzas de Buda, quien con su ejemplo nos enseña a ser más felices. Buda nunca quiso crear una religión, y su esencia está disponible a todo aquel que quiera ponerla en práctica. Sin importar la forma de ver la vida y las creencias que uno tenga, el budismo nos puede ayudar a valorarlos aún más.

jueves, 11 de noviembre de 2010

comentarios a la clase de hoy

El derecho desde la perspectiva del discurso: es el instrumento de mediación social.

En el análisis cultural del derecho, se refiere a saber cómo se ve el derecho desde la perspectiva de la cultura, el autor Khan lo ve de 2 formas, como:

  • Un producto cultural

  • Una creencia, porque nace vinculado a la religión

¿Cuándo se jodió el país? Cuarta y última parte




El jueves pasado, Daniel Karam, director general del IMSS, dijo que la institución enfrenta la situación más delicada de toda su historia. Ante la virtual quiebra financiera de la mayor institución de seguridad social de México, el presidente Calderón convocó a patrones, sindicatos y legisladores a explorar todas las alternativas para alcanzar “una nueva generación de reformas” que otorgue fortaleza monetaria a la dependencia y le permita cumplir con su razón de ser.

La verdad es que tanto el IMSS como el ISSSTE y otras instituciones de seguridad social agotaron muy pronto los recursos para pensiones y jubilaciones; los cálculos actuariales que sustentaron los proyectos —una economía pujante, multiplicación de empleos y mejoría en los ingresos; la expectativa de vida y, en consecuencia, la cortísima sobrevida postlaboral— fueron muy pronto reprobados por la realidad. Por décadas, un gobierno tras otro administraron mal los recursos, concediendo en los convenios colectivos de trabajo términos que acentuaron las vulnerabilidades de la institución (reducción de edades y años trabajados para la jubilación, por ejemplo) y posponiendo reformas urgentes. Hoy parece demasiado tarde para arreglar las cosas, por lo que las alternativas verdaderas, las que pueden evitar el desastre, tendrán un altísimo costo social, familiar y humano.

Lo que ocurre en el IMSS confirma otro rasgo de nuestros políticos, que tanto ha jodido al país: carecen de sentido de urgencia, prefieren “nadar de muertito”. Aunque en varios temas (la inseguridad, el deterioro ambiental, la quiebra de las instituciones de seguridad social) hayamos alcanzado condiciones límite, siguen posponiendo las soluciones. Pero, además, no tenemos políticas de Estado, la lógica que prevalece es el inmediatismo. Tenemos mucha iniciativa y poca acabativa. Una de las lecciones que nos ofrece Brasil es que detrás de su notable recuperación está, como una de sus claves, la continuidad de políticas públicas que han demostrado eficacia: de Fernando Henrique Cardoso a Luiz Inacio Lula da Silva.

Otro rasgo de muchos de nuestros funcionarios públicos es la confusión del poder con los símbolos del poder. Si algunos burócratas de ventanilla, inspectores de reglamentos o agentes de tránsito se suben a un ladrillo y se marean, este vértigo se vuelve locura cuando afecta al alto funcionariado: ese pequeño ejército que tiene a su disposición aviones oficiales, ayudantes, edecanes y escoltas, oficinas lujosas, gastos de representación…

El despilfarro de lo que no se tiene es censurable a nivel personal, pero se convierte en prevaricación cuando se trata del dispendio de recursos públicos. Un alto porcentaje de los presupuestos se gasta de manera absurda: en los ingresos y privilegios inmorales de la alta burocracia, en viajes, muchas veces innecesarios, en la remodelación de oficinas, en la renovación del parque vehicular… Para conmemorar el Bicentenario, por ejemplo, el gobierno federal gastó 2,971 millones de pesos. ¿Cuántas escuelas, a las que les faltan baños, pupitres, pizarrones, etcétera, pudieron arreglarse con semejante monto?

México se jodió cuando convertimos la impunidad en una costumbre. En nuestro país, “el que la hace” tiene muy altas probabilidades de nunca pagarla. De poco sirve, entonces, que se endurezcan las penas para ciertos delitos cuando alrededor del 97% de las denuncias no concluyen en sentencias condenatorias.

Frente a todo esto, sin embargo, hoy mismo hay millones de mexicanos que dan lo mejor de sí para superar las dificultades; multitud de héroes anónimos que trabajan con entusiasmo para ayudar a otros, para mejorar el ambiente, frenar la violencia contra las mujeres, rescatar a los jóvenes de las drogas, generar alternativas de empleo digno; iniciativas personales y colectivas ocupadas en regenerar la vida comunitaria y abrir opciones a niños, adolescentes, mujeres, adultos mayores… Incluso funcionarios de todo nivel que asumen con honestidad y rigor profesional la responsabilidad pública como un servicio.

Muestras ineludibles de que, a pesar de los pesares, otro mundo es posible y que el país no está marcado por la fatalidad. Sólo falta que el México imaginario —el de la burocracia dorada y las corporaciones, el de las organizaciones clientelares y los partidos— atienda al México del trabajo, la creatividad, la innovación, el esfuerzo…

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Presidente del Grupo Consulto Interdisciplinario

¿Cuándo se jodió el país? Tercera parte

México se jodió hace más de 40 años, cuando lo mismo, el gobierno que la sociedad, cerraron los ojos frente a lo que ocurría en materia de siembra y trasiego de drogas. Ante lo que era evidente, no sé cuántas veces escuché que el problema era de los gringos: “Si se quieren meter mariguana o coca, que se la metan, eso no es cosa nuestra; nosotros sólo somos la plataforma, pero la alberca está del otro lado”. Y así, más temprano que tarde, el tumor desarrolló metástasis y empezó a aparecer en Tijuana, Ciudad Juárez, Durango, Reynosa, Guadalajara, Acapulco… Hoy, las bandas criminales controlan vastos territorios, tienen compradas o aterrorizadas a las autoridades y dueños de las plazas han incursionado en otros delitos que lastiman más a la sociedad: secuestro, extorsión, “cobro de piso”…

El país se jodió cuando su clase gobernante privilegió todas las variables macroeconómicas excepto una: el crecimiento económico. Décadas de estancamiento fueron sembrando cientos de miles de jóvenes, que hoy son millones y han crecido sin alternativas; unos emigraron a Estados Unidos, otros incursionaron en el comercio informal que, en muchos casos, es la primera aproximación al crimen organizado (la compra-venta de mercancía robada, “pirata”, contrabandeada), y otros se integraron a pandillas que les dieron identidad y un sentido de pertenencia. Estos jóvenes, casi niños, hoy juegan a la guerra con balas de verdad: mueren o matan. En los 18 millones de mexicanos en pobreza extrema, los cárteles pueden tener un venero inagotable de “halcones” o sicarios.

Nos jodimos cuando los padres nos desentendimos de la formación de nuestros hijos y le trasladamos a la escuela la responsabilidad de inculcar valores, y también nos jodimos cuando la educación quedó a cargo de burócratas irresponsables cuyos saldos están a la vista: una baja sensible en la calidad y la pertinencia de los contenidos educativos en todos los niveles, la educación se desconectó de la realidad socio-productiva del país y, en vez de profesionales, formó legiones de “inempleables”.

El país se jodió cuando, en vez de aplicar leyes y reglamentos para impedir que las personas y las fábricas echaran sus desperdicios a los ríos, a las lagunas y a los mares, las autoridades decidieron solapar esas prácticas y encubrir el desastre ambiental: la contaminación de nuestras aguas y de nuestra atmósfera, la deforestación de nuestros bosques...

México se jodió cuando sus gobernantes decidieron gastar de más y vivir de prestado; algunos pretendieron, incluso, hacer del endeudamiento un activo político: cada vez que se endeudaba más al país, la información oficial destacaba que los nuevos empréstitos confirmaban la confianza de los prestamistas y la solidez de nuestra economía. Décadas después, el pago de intereses y la casi nula amortización de la deuda, constituyen una sangría que lastra el crecimiento del país.

Nos jodimos al hacer de la corrupción, más que una fórmula para arreglar problemas pequeños, una manera de ser (“cayendo el muerto y soltando el llanto”, “no les pido que me den, nomás que me pongan donde hay”; “la amistad se demuestra en la nómina”). Los sobornos de “clase mundial” a funcionarios de una empresa “de clase mundial”, la Comisión Federal de Electricidad (yate, Ferrari, tarjetas de crédito), sólo confirman la corrupción galopante.

El malinchismo es otro rasgo que ha jodido a México, y no pienso sólo en quienes prefieren todo lo importado, aunque sea de dudosa calidad, sobre los buenos productos mexicanos, sino especialmente en los mexicanos “de temporal”, los grandes beneficiarios de la corrupción que juegan a lo seguro y tienen enormes capitales depositados en bancos del extranjero. Se calcula que durante los gobiernos de Fox y Calderón, casi 50 mil millones de dólares fueron depositados en cuentas bancarias de mexicanos en el extranjero; sumados a los depósitos anteriores, dan una cifra superior a los 100 mil millones de dólares.

México se jodió cuando le declaramos la guerra a los narcotraficantes y no al subdesarrollo… Pero también, sin duda, cuando hicimos del acuerdo una perversión y del desacuerdo una virtud. Es decir, cuando degradamos la noción de política del “arte de lo posible” a callejón sin salida donde privan como valores esenciales el agandalle, la falta de escrúpulos y la ausencia de valor civil.

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Presidente del Grupo Consulto Interdisciplinario

Garantismo

El derecho desde la perspectiva del garantismo: es una garantía para limitar el poder, y se tiene que limitar porque lo fundamental es atender las garantías fundamentales. Es decir,

El garantismo es una corriente jurídica que parte del reconocimiento de los derechos fundamentales de los individuos y de su efectiva protección y tutela como la piedra de toque del diseño constitucional del Estado. Desde ese punto de vista, la función y finalidad de las instituciones públicas es, precisamente, la de respetar y proteger de ese conjunto de prerrogativas de los individuos que se plasman en los derechos civiles, políticos y sociales, jesencialmente.

El derecho desde una perspectiva garantista tiene por objeto la salvaguarda de las prerrogativas fundamentales de los individuos frente a todos los que Ferrajoli denomina “poderes salvajes” (que son poderes públicos, pero también privados —ejemplo emblemático de éstos son los llamados poderes fácticos).

Esa función de garantía pasa, en primera instancia, por el reconocimiento en la Constitución de esos derechos fundamentales (lo que constituye para el profesor italiano su “garantía primaria”) y, en segundo término, por el establecimiento de instituciones y procedimientos que permitan una efectiva tutela (que supone tanto la protección como la exigibilidad de los derechos y que son definidas por Ferrajoli como “garantías secundarias”).

¿Cuándo se jodió el país? Segunda parte

En realidad, a lo largo de su historia, México se ha jodido muchas veces. Podríamos remontarnos incluso antes del surgimiento del Estado mexicano, irnos hasta la Conquista o recordar la Colonia, cuando se otorgaban mercedes reales como patentes para abusar de los cargos. Podríamos también intentar explicar la apatía que afecta a anchas franjas ciudadanas, recordando aquella frase del virrey Carlos Francisco de Croix, que en 1767 comunicó a los vasallos “del gran monarca que ocupa el trono de España, que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir ni opinar en los asuntos del gobierno”.

Pero una cosa es cierta, la corrupción, los abusos desde el poder, la resignación y el valemadrismo no se originaron con el PRI; la República priísta sólo los perfeccionó, si puede decirse tal cosa.

Frederich Katz —el gran historiador vienés recién fallecido— recupera en La guerra secreta en México, un reporte del embajador alemán Paul von Hintze sobre la corrupción del capitán Huerta, hijo del usurpador, quien adquiría armamento con sobreprecios de escándalo.

Son fama pública las largas uñas de los “robolucionarios”, un caso extremo es el de Álvaro Obregón. Entrevistado por Vicente Blasco Ibáñez, el caudillo exhibió su vena cínica:

—A usted le habrán dicho que yo soy algo ladrón.
—¡Oh general! ¿Quién puede hacer caso de las murmuraciones?... Puras calumnias.
Obregón —describe el periodista español— no parece oírme y sigue hablando.
—Pero yo no tengo más que una mano, mientras que mis adversarios tienen dos. Por esto la gente me quiere a mí, porque no puedo robar tanto como los otros.

Pero para no extraviarnos en arqueología política, baste recordar que en un momento más próximo, a finales de la década de los 60, México parecía prefigurar una potencia intermedia: de 1960 a 1970, la tasa de crecimiento del PIB fue de 7.1%, con una inflación de poco menos de 2.5% en promedio durante esa década, y en 1970, nuestra deuda externa pública bruta era de apenas 4 mil 262 millones de dólares; nuestro cine y nuestra música conquistaban al mercado de habla hispana; nuestra política exterior nos prestigiaba y la educación pública constituía el soporte de una movilidad social ascendente.

Pero el país se jodió cuando Gustavo Díaz Ordaz escogió para sucederlo a Luis Echeverría: al final de su sexenio, la deuda externa creció casi cinco veces (19 mil 600 millones de dólares) y de 4.69 en 1970, la inflación pasó a 27.2 en 1976.

Después, Echeverría seleccionaría para sucederlo a su amigo de la adolescencia, José López Portillo. La docena trágica marcó el fin del “milagro mexicano”. Un manejo irresponsable de las finanzas públicas llevó a Echeverría a despedir a su secretario de Hacienda, Hugo B. Margain y a alardear: “Las finanzas públicas se manejan en Los Pinos”; después, López Portillo anunciaría que el nuevo desafío de México era “cómo distribuir la abundancia”, cuando abandonó el poder, dejó al país sumido en una profunda crisis.

En ese escenario de desastre llegaron Miguel de la Madrid, los tecnócratas y el fundamentalismo económico que llevó a una privatización indiscriminada y tramposa de empresas públicas: Telmex, la joya de la corona. Son los años, que no terminan aún, del dictum de que la mejor política industrial es no tener política industrial; los años de una apertura irracional a mercancías extranjeras que han herido de muerte a ramas completas de nuestra industria (calzado, textiles, juguetes, artesanías…)

Pero hay otros momentos de quiebre. En el periodo 2000-2006, El bato con botas dilapidó el enorme capital político que le había reportado el bono democrático; dejó escapar el momentum del cambio que se vivía en el país. En vez de impulsar una renovación de la vida pública, gobernar con austeridad y eficacia, la pareja presidencial se dedicó a exhibir su precariedad ética y cultural por todo el mundo, y a tolerar abusos de propios y extraños.

Han sido muchos los intentos de joder al país, pero a pesar de todo, México sigue en pie, vivito y coleando. La irresponsabilidad de la clase gobernante y la indolencia de la sociedad no han terminado con el país, mayor, en mucho, a sus dificultades.

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¿Cuándo se jodió el país? Primera Parte

¿Cuándo se jodió el país?
Alfonso Zárate

Javier Barros Sierra, porque merece, como pocos, recibir la medalla “Belisario Domínguez”.

Cuando se fue de México al concluir su misión diplomática como embajadora de Suecia, Eva Polano nos ofreció su visión lúcida, cariñosa, pero no exenta de realismo, sobre el país que dejaba; un país que aprendió a amar y que le resultaba fascinante en sus contrastes y en sus intensidades: la intensidad de sus colores, de sus sabores, de sus olores… Para una mujer sueca debió ser brutal descubrir los extremos entre indigencia y opulencia, los “niños de la calle”, la violencia delincuencial, la discriminación a los diferentes. No escapó a su mirada sensible el contraste de generosidad y egoísmo de nuestro pueblo. La misma sociedad que se volcó, sin reparar en riesgos, al rescate de sus semejantes durante los sismos de 1985, podía ser tan tacaña respecto a su prójimo. Monsiváis lo expresó bien: “El mexicano todo lo perdona, menos el éxito ajeno”.

Son muchos los males que aquejan a los mexicanos. Reconocerlos es una de las condiciones para superarlos. Estos son algunos de los más notorios:

No sabemos trabajar en equipo. Nuestros logros en el deporte, en la cultura o en la ciencia son, siempre (o casi) individuales: Lorena Ochoa en el golf, Ana Guevara en las carreras, Julio César Chávez en el box… En equipo, fracasamos.

Otro rasgo muy propio es la inmadurez. “Los mexicanos —decía la abuela de mi amiga Susana— somos como niños, jugamos hoy sin importarnos el mañana”. Vivimos de prestado, damos el tarjetazo para comprar bienes superfluos y abonamos sólo el mínimo mensual, así terminamos pagando créditos usureros y al borde de la quiebra. Y como suelen hacer los niños, transferimos nuestra responsabilidad a los demás, siempre son “los otros” los culpables de nuestros males: el gobierno, los empresarios, nuestros competidores, los españoles, los gringos…

Somos conformistas. Las frases “ya ni modo” y “ai se va”, expresan esa resignación o valemadrismo que nos lleva a justificar los excesos que se cometen desde el poder, porque sabemos, como decía el papá de los muchachos Bribiesca Sahagún, que si no aprovecharan de la posición de su madre en Los Pinos “serían pendejos”.

Otro de nuestros males es la simulación. Los estudiantes simulan aprender de maestros que simulan enseñar. Los empresarios simulan emprender; muchos de los más prósperos son, en realidad, especuladores; otros, meramente rentistas que buscan ganancias rápidas y fáciles, casi siempre al amparo del poder. En la burocracia abundan los que se justifican diciendo “dizque nos pagan, pos dizque trabajamos”.

No aprendemos de nuestros errores. Nuestro crecimiento urbano, irracional, anárquico, se explica por la ausencia de planeación. La improvisación y la corrupción han definido el ensanchamiento absurdo de poblados y ciudades, la construcción de asentamientos humanos en las márgenes de ríos que se desbordan, en las laderas de montes que se desgajan o sobre minas de arena; y después de las tragedias humanas y materiales, de la pérdida de vidas e infraestructura, vuelven a levantarse viviendas en los mismos sitios, por la irresponsabilidad de los moradores y la corrupción de las autoridades.

Naturalmente, para explicar todo esto y más, nunca han faltado argumentos políticos, sociológicos y de sicología colectiva; razones de índole material indiscutible —pobreza, marginación, explotación— o de carácter sociohistórico, como la impronta de un pasado colonial donde la víctima —una nación, un pueblo, una cultura— termina por asumir como fatalidad ineludible el vasallaje y la sumisión, “normalidad” que por momentos se ve interrumpida por convulsiones de violencia social sin consecuencias.

De lo que nadie parece hacerse cargo, en la primera década del siglo XXI, es de esa extraña lógica causa-efecto que parece justificar la indolencia, la dejadez, la corrupción, la insolidaridad que atraviesa todos los estratos sociales y cristaliza en una cultura degradante que, hoy lo sabemos, no era privativa del régimen priísta. Parafraseando la pregunta de un personaje de Mario Vargas Llosa en Conversación en la Catedral: ¿Cuándo se jodió el país? Acaso en el momento en que élites y pueblo, gobernantes y gobernados, amos y lacayos decidimos celebrar las contrahechuras de la democracia simulada, la impunidad judicial, el machismo abierto y el racismo apenas encubierto como parte de “la mexicana alegría”.


Presidente del Grupo Consulto Interdisciplinario

Análisis cultural del derecho

El análisis cultural del derecho, tiene como representante a Paul Khan esta teoría parte de la premisa que la cultura es un factor de integración y estabilidad política que tiene que ver con el poder. A la cultura se le reconoce y utiliza para construir social y jurídicamente sujetos individuales y colectivos que demanden legitimidad y legalidad dentro de un Estado Democrático. La cultura significa espacios de poder y resistencia de conformación y recomposición de potencias, representa símbolos de pluralidad y disenso y consenso, conflicto y acuerdo. La trascendencia del Derecho Cultural consiste en configurar un espacio en el que el derecho dialoga con la cultura en beneficio del conocimiento y la sociedad.

En la aproximación Cultural se sabe que el Estado de Derecho es una compleja construcción de protección, su carácter contingente. Se trata de que el Derecho se libere también en la práctica cultural, haciendo posible que los ciudadanos pongan su cuota de esfuerzo por elevar una conciencia jurídica, a la par que se eleve una conciencia cultural, donde se eleve la valoración al ser humano, a los bienes públicos, a la seguridad, al orden, y al desarrollo que en buena cuenta es también fin del Derecho, de modo que existe una garantía en elevar una conciencia jurídica al elevar una conciencia cultural.

El Análisis Cultural del Derecho es una metodología científica que no sólo pretende estudiar, sistematizar y explicar las normas jurídicas de contenido cultural, sino comprender desde la cultura el sentido del Derecho y la posibilidad de hacerla coherente para la vida cotidiana.

jueves, 4 de noviembre de 2010

qué es el derecho para los índigenas

Considero que para los indígenas el derecho no existe, es una invención del ser humano en sociedad. El grupo humano ha intuido, históricamente, diferentes maneras de organizar su orden respecto a las relaciones entre sí y su entorno. El derecho indígena concibe su orden conjuntando relaciones humanas y medio ambiente y por supuesto basado en sus usos y costumbres.

Perspectiva de género

La perspectiva de género es un instrumento  de análisis que nos permite conocer la forma como cada sociedad percibe la diferencia sexual, como percibe la idea de hombre y mujer tomando en cuenta la cultura, los principios, valores, tradiciones, estereotipos, etc.

Considero que evidentemente esa percepción puede ser modificada en beneficio de la sociedad.

No confuncir perspectiva con equidad de género.

MARX

En la perspectiva de Marx, el derecho es un instrumento de dominación de clases  (hegemónicas sobre las clases oprimidas), sin embargo, considero que  no sólo las leyes son instrumento de dominación de clases, sino que también las INSTITUCIONES, pues a través de ellas el Estado transforma la vida de la sociedad.

Ahora bien, es importante también mencionar que según la teoría marxista, sostenía que el derecho se constituye por las relaciones jurídicas, especialmente por relaciones originalmente económicas, basadas en la producción y la circulación de mercancías. Para el marxismo es imposible analizar el derecho independientemente de sus condiciones genéticas, sus relaciones sociales y sus implicaciones históricas, como lo hace el positivismo. Según esta concepción, el derecho debe estar en perpetuo movimiento y no puede solidificarse en un rígido sistema abstracto.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Teoría Tridimensional del Derecho

La llamada Teoría Tridimensional del Derecho es una concepción doctrinaria del derecho que intentó una aproximación ontológica, unificando tres componentes que, hasta entonces, eran concebidos como las perspectivas posibles para estudiar al fenómeno jurídico.
La evolución de la ontología del derecho ha pasado, en resumidas cuentas, por tres grandes fases, a saber:
1.      El iusnaturalismo que propugnaba la prevalencia de un derecho natural imperecedero y general en todo tiempo y lugar, y que predominaba sobre cualquier derecho de creación humana o llamado también positivo. A esta doctrina la podemos asociar con los valores. Se ocupa del derecho justo o natural, y lo que le interesa son precisamente, los valores
2.      El iuspositivismo que postulaba la exclusividad del derecho creado humanamente -es decir del derecho dado o positivo- sobre cualquier otra realidad que se pretendiese llamar derecho. A esta doctrina podemos coligarla con la norma jurídica.
3.      Finalmente, el iusrealismo patrocinaba que el derecho en realidad surge del devenir cotidiano, de la realidad misma, y que el legislador lo único que hace es plasmar o reconocer esas normas originadas espontáneamente, en dispositivos formalizados por las autoridades al mando de la sociedad. A esta corriente la podemos hermanar con los hechos sociales. Se enfoca al derecho eficaz o real, y lo que lo fundamenta son los hechos.

Para la Teoría Tridimensional el derecho es a la vez Hecho (conducta humana), Valor y Norma.

CONCLUSIÓN: La Teoría Tridimensional del Derecho se considera en la actualidad como la concepción dominante en el campo del derecho; ella sostiene que el fenómeno jurídico sólo puede ser apreciado en su integridad partiendo del conocimiento de sus tres dimensiones: norma, hecho y valor.

Es evidente la diferencia con la Teoría Pura del Derecho, donde Kelsen trata de “depurar” en el Derecho los elementos que le son extraños,  considera que la legislación debe separarse de todos los otros elementos que no son derecho; mientras que en esta corriente considera otro elementos, que desde mi punto de vista, sí se deben considerar.

REALISMO JURÍDICO

El realismo jurídico es una doctrina filosófica que identifica al derecho con la eficacia normativa, con la fuerza estatal o con la probabilidad asociada a las decisiones judiciales. Para los realistas jurídicos el derecho no está formado por enunciados con contenido ideal acerca de lo que es obligatorio, sino por las reglas realmente observadas por la sociedad o impuestas por la autoridad estatal.

Desde mi punto de vista creo que en esta corriente vemos un alto grado de discrecionalidad en la aplicación de las reglas por parte de los jueces.